La leche materna constituye, al menos durante los primeros cuatro meses de vida, el alimento más completo y más adecuado para el bebé. Su composición cubre las necesidades en calorías y micronutrientes del neonato y permite el desarrollo de una flora intestinal equilibrada en un intestino aún inmaduro.
Durante el transcurso de la lactancia la composición de la leche materna se modifica en su composición con respecto a las necesidades propias del desarrollo del bebé. Se distinguen así tres variedades dependiendo de su contenido en glúcidos, lípidos, proteínas, minerales, oligoelementos y vitaminas:
- El calostro durante los 5 primeros días tras el parto
- Una leche de transición, del 6º al 15º día
- Por último, una leche a la que podríamos denominar “madura”, que abarca desde el 16º día hasta el 15º mes.
La leche materna contiene además de todos los nutrientes necesarios para el bebé numerosos nucleótidos y hormonas: insulina, factor de crecimiento epitelial, factor de crecimiento nervioso, prostaglandinas, anticuerpos y otros elementos aún no identificados sin olvidar, que en su composición presenta un 87% de agua.
En lo que concierne a la relación del bebé con su entorno, es un hecho probado que el contacto prolongado del bebé con su madre durante la lactancia permite un mejor desarrollo psicomotor y limita la aparición de numerosas enfermedades. Leer el resto del artículo »




