El ayuno forma parte de la sabiduría antigua, así que no se trata de una alternativa moderna para recuperar o mantener la salud.
¿Qué es exactamente el ayuno?
Simplemente se trata de la abstención total de alimentos sólidos o líquidos (que no sea agua pura) a lo largo de períodos de duración variable. El propósito del ayuno es que la ausencia de alimento permita que parte de la energía que poseemos, al no emplearse en el proceso alimenticio, se regenere y se dedique a limpiar y desintoxicar el cuerpo.
Los excesos que cometemos con la sobrealimentación, el alcohol, el tabaco, los alimentos refinados, el trasnochar, etc. hacen que aumente nuestra toxemia celular y con ello los trastornos de salud. La abstinencia alimenticia ayuda a eliminar esta toxemia. El ayuno sirve para que el organismo descanse, para desintoxicar de venenos y toxinas nuestra sangre y órganos fatigados de los tóxicos que acumulamos. El ayuno es el medio ideal para recuperar la salud. Este reposo vitaliza nuestro cuerpo, puede corregir los desmanes que hemos cometido con él (comer en exceso, trasnochar, alcohol, alimentos refinados, vida sedentaria, etc..). Sirve para curar muchas enfermedades: hepatitis, reumatismos, obesidad, sinusitis, tumores, alergias, etc.), aunque según los expertos hay ocasiones en las que no conviene ayunar; por ejemplo en le caso de padecer alguna patología avanzada como canceres extendidos, problemas coronarios muy graves o insuficiencia renal.
La gente poco enterada se sorprende cuando se habla de ayuno. Algunos lo consideran como una práctica medieval o un medio extravagante de purificación utilizado por ciertos espiritualistas, otros como un medio de adelgazar. La tendencia materialista de nuestro mundo occidental induce a la gente a una sobredosis de comida y el hecho de abstenerse de comer se considera un sinsentido. En esta sociedad de consumo, donde los recursos están tan desigualmente repartidos y donde el llamado tercer mundo no encuentra lo necesario para subsistir, la práctica del ayuno podría despertar en nosotros una actitud de solidaridad, de desprendimiento y el hecho de saber que no estamos solos y no somos los únicos.
No se debe empezar a ayunar de una día para otro ya que se corre el riesgo de reemplazar los excesos de la vida cotidiana por nuevas fórmulas de violencia. Es importante que el ayunante se encuentre en un ambiente favorable y relajado y que esté bien informado de los síntomas que pueden aparecer, de la preparación al ayuno y de la salida. En cuanto a la época para ayunar hay que decir que la primavera es un período muy favorable; pues ya no hace el frío del invierno que complicaría la hipotermia del ayuno por ejemplo, ni tampoco hace excesivo calor que podría favorecer la deshidratación complicando un cuadro de hipotensión, frecuente por otra parte en situaciones de ayuno.
Generalmente aquellas personas que no han realizado nunca ayunos, al ser la primera vez hemos podido observar que suelen tener con más frecuencia pequeños problemas (miedos, desconfianza, etc.) que los que ya tienen experiencia y lo han realizado otras veces. Los que prolongan el ayuno se sienten o se han de sentir muy seguros de sí mismos y si también tienen experiencia todo el proceso se desarrolla mucho mejor. Por otra parte el ayuno está contraindicado en aquellas personas que no cuidan su salud, que fuman, beben, comen abundantes proteínas y grasas de origen animal, padecen de stress y abusan de medicamentos, si antes no realizan una especie de adaptación previa al ayuno, pues las toxinas que acumula el organismo podrían movilizarse y tener unos efectos no muy beneficiosos para los pacientes.
Cuando se realiza el ayuno se ha de consumir al menos agua para favorecer el filtrado renal y el equilibrio hidroelectrolítico. Por lo tanto el ayuno se combina con la hidroterapia gracias al agua de bebida que ha de ser agua mineral de buena calidad. El agua del grifo, tratada con productos químicos, puede contener ciertas sustancias que en una situación de ayuno pueden ser perjudiciales para el organismo.
Una vez comenzado el ayuno, el organismo, en las primeras horas, consume el azúcar(glucosa) almacenado en el hígado, en la sangre y en los músculos y se va nutriendo de las grasas y proteínas acumuladas. Conviene saber que durante este período el cuerpo experimenta una serie de reacciones que no deben alarmarnos. Cuando los órganos de desintoxicación empiezan a trabajar la orina se vuelve oscura, puede tener un olor fuerte, llevar arenilla o sedimentos; la lengua se vuelve pastosa y de color blanco, amarillo, marrón, o roja e inflamada y, en ocasiones, las encías se inflaman y sangran. Por la noche es frecuente el insomnio, las abundantes pesadillas y los sueños. Pueden aparecer dolores y molestias articulares, óseas y musculares, dolores de cabeza, de hígado o de riñones, originados, frecuentemente, por antiguas enfermedades que no se curaron bien. También pueden aparecer mareos o vómitos. La menstruación se adelanta con frecuencia durante el ayuno y se retrasa después del mismo. Aunque resulte difícil de creer, estas señales indican que el cuerpo está en proceso de limpieza. Son los síntomas de la desintoxicación.
En definitiva, ayunar puede ser también una ocasión única para darnos cuenta de como estamos viviendo nuestras vidas. Una oportunidad para mejorar la salud y para evolucionar como personas. El ayuno hídrico cuando es controlado adecuadamente tiene unos efectos adversos muy limitados y unos beneficios muy claros para los que llevamos observándolos durante años. Sobre el ayuno ha habido estudios donde ha sido severamente criticado y otros muy a favor. Así el Dr. Rojas-Hidalgo se refiere al ayuno con agua para las curas de adelgazamiento:
Este sistema ha sido severamente criticado por algunos autores, aunque suele ser por lo general bien tolerado. Dentro de la medicina naturista y del higienismo médico está muy bien considerado como una técnica de tratamiento fundamental para muchas enfermedades.
*Del libro “Ayuno y Plenitud”. Edita: Hnos. de San Juan de Dios. Comunidad “Betsaida”, 46592 Segart (Valencia)




