La eliminación de alimentos no digeridos y otros productos de desecho es tan importante como la digestión y asimilación de los nutrientes. El Dr. Seignalet en su libro “La alimentación o la tercera medicina” postula una teoría según la cual, el balance entre el aporte y la eliminación de estos tóxicos gobierna el correcto funcionamiento de nuestro complejo organismo de manera que:
- Cuando el aporte es superior a la eliminación el resultado es, tarde o temprano, la enfermedad.
- Cuando la eliminación es superior al aporte el retorno hacia la normalización de las funciones biológicas es posible.
- La eliminación parcial de estos tóxicos se traduce en una neta mejora.
- La eliminación total de los tóxicos se traduce por una remisión completa de los síntomas.
Sin olvidar, por supuesto, que determinados factores genéticos como el potencial enzimático o el polimorfismo de las mucinas intestinales, hacen que la capacidad de eliminación varíe de un individuo al otro.
El actual estilo de vida impone una enorme sobrecarga tóxica a nuestro organismo. El organismo tiene gran interés en eliminar todas estas sustancias peligrosas en potencia y que le son imposibles de metabolizar, siendo la única vía posible para tal efecto su transporte desde la sangre al exterior a través de un emuntorio (La palabra emuntorio procede del verbo latino emungo, que significa limpiar o expulsar, depurativo o excretor. Se dice de cualquier órgano o parte del cuerpo que sirve para evacuar o excretar). Los emuntorios de los que dispone el organismo para la eliminación son:
- El riñón: En un sujeto normal la orina no contiene más que urea e iones. En un estado patológico el riñón deja pasar las proteínas.
- El hígado: Por medio de la bilis son excretadas determinadas sustancias por lo que juega un papel importantísimo en la eliminación.
- El colon: Al contrario que el intestino delgado que es un órgano de absorción, el colon es junto con el hígado un medio de eliminación de gran importancia.
- La piel: participa en los procesos de eliminación mediante las secreciones de las glándulas sudoríparas o la descamación de las células epiteliales entre otras.
- Los bronquios: Constituyen también un emuntorio gracias a que su mucosa segrega grandes cantidades de mucus.
- Igualmente, la mucosa de la esfera ORL y la conjuntiva ocular dotadas de líquido nasal, saliva y lágrimas constituyen un emuntorio con capacidad para la eliminación de sustancias tóxicas.
¿Es esta toxemia el verdadero culpable de determinadas enfermedades o patologías actuales como el colon irritable, la soriasis, el acné, el asma o la rinitis crónica? Veamos las claves que pueden comprobar esta teoría.
La eliminación de desechos provenientes de la alimentación no entraña ningún problema para nuestro organismo mientras que la cantidad de desechos a transportar sea moderada. Este proceso fisiológico se ve alterado cuando la cantidad de moléculas a eliminar es abundante. Los glóbulos blancos encargados de su transporte aumentan y con ellos el proceso de depuración se intensifica, los desechos salen de la sangre y atraviesan la pared del emuntorio para alcanzar finalmente la superficie. La depuración en este momento es eficaz pero tiene el inconveniente de provocar una inflamación crónica del emuntorio, y es responsable por sí misma o en combinación con otros cofactores (bacterias, virus, hongos,…) de enfermedades que varían dependiendo del emuntorio afectado:
- A nivel del colon: colopatía funcional, rectocolitis hemorrágica, colitis linfocitaria, etc.
- A nivel de la piel: acné, ciertos eczemas, psoriasis, etc.
- A nivel de los bronquios: bronquitis crónica y asma.
- A nivel de las mucosas auditiva, bucal, nasal, faríngea, laríngea y conjuntival: otitis, anginas, sinusitis, fiebre del heno, rinitis crónica, aftas, etc.
Podemos ahora afirmar, que existe una verdadera patología de eliminación (Seignalet 1996b) cuyas manifestaciones polimórficas pueden explicarse por el flujo de material tóxico que atraviesa los emuntorios hasta la superficie.
Como es lógico, el Dr. Seignalet propone un régimen depurativo sin cereales (salvo el arroz), sin productos lácteos, rico en alimentos crudos y en aceites vírgenes de primera presión en frío, acompañado de magnesio, oligoelementos, vitaminas y bífidobacterias. Este cambio nutricional disminuye en gran medida el aporte de toxinas a la vez que aumenta la eliminación de productos nocivos, llegando a prevenir o incluso a curar una de las anteriormente citadas enfermedades.




