Si excluimos las infecciones bacterianas, virales y parasitarias, la patogenia o el mecanismo de desarrollo de la mayor parte de las enfermedades queda hoy en día desconocido o mal conocido. Nuestra ignorancia de los procesos de génesis de estas diversas afecciones tiene repercusiones negativas desde un punto de vista práctico. No sabemos prevenir estas enfermedades y cuando aparecen, nuestras terapéuticas son muchas veces ineficaces o insuficientemente eficaces. Lo ideal sería tratar las causas, en vez de tratar únicamente los síntomas con los resultados inconstantes o limitados que conocemos.
Uno de los factores externos o de entorno más condicionante para la salud es la alimentación. Con la alimentación moderna ocurre que las enzimas encargadas de desencadenar la reacción metabólica y las mucinas encargadas de proporcionar una barrera contra determinadas materias y microorganismos, no están adaptadas a las moléculas que se encuentran en el organismo. Esto produce:
- Digestión insuficiente de algunos elementos, lo que libera numerosas moléculas alimentarias en la luz digestiva.
- Evolución hacia una flora de putrefacción con aparición de bacterias más o menos peligrosas, cuya destrucción por las defensas inmunitarias libera numerosos detritus bacterianos en la luz digestiva.
- Agresión contra la mucosa del intestino delgado que puede verse afectada y convertirse en demasiado permeable.
Por “ensuciamiento” entendemos la acumulación en el organismo de residuos alimentarios, bacterianos y metabólicos. Las moléculas ensuciantes son las que no son antigénicas, es decir, aquéllas que no son capaces de activar los linfocitos T, entre las que podemos citar lipolisacáridos y ADN bacterianos, isómeros de péptidos o de proteínas, glúcidos, lípidos y moléculas de Maillard. Leer el resto del artículo »





