Desde tiempos remotos la humanidad ha relacionado la alimentación con la salud. Son numerosos los dichos y refranes que nos recuerdan la importancia de una buena alimentación: “De lo que se come se cría”, ”Gástalo en la cocina y no en medicina”… Remontándonos en el tiempo ya en la Grecia antigua, Hipócrates, considerado hoy en día como el padre de la medicina naturista aconsejaba: “Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento“.
En la actualidad, los científicos aseguran que los males más importantes que afectan a la sociedad occidental están relacionados con la alimentación; ni siquiera un régimen equilibrado es forzosamente suficiente en nuestros días debido al alto grado de transformación y refinado de los alimentos.
Nuestro organismo, necesita de todo aquello que la alimentación nos puede aportar para continuar su labor silenciosa de mantenernos con vida. La ausencia o la carencia de ciertos elementos indispensables para el correcto funcionamiento de todos los sistemas que lo integran provoca enfermedades como la pelagra o el escorbuto las cuales, si bien han sido erradicadas de la sociedad occidental siguen estando presentes en países subdesarrollados de Sudamérica, África y Asia. En contrapartida y en lo que se refiere a nuestra sociedad, es bien sabido que determinados factores alimentarios están asociados a enfermedades como la diabetes, la osteoporosis, la obesidad y otras, así como la ingesta de demasiados ácidos grasos saturados y colesterol puede provocar arteriosclerosis.
Generalmente, la idea de una alimentación correcta viene asociada a una dieta con restricciones alimentarias: falso. Nuestra dieta debe aportarnos unos 40 ó 45 nutrientes esenciales que nuestro cuerpo no puede generar de forma natural, proteínas de origen animal y vegetal que nos aportan más de veinte aminoácidos, de los cuales ocho son esenciales, grasas imprescindibles para obtener calorías y conformar elementos estructurales, hidratos de carbono, formados por almidones y azúcares que el cuerpo utiliza para generar energía y una cantidad determinada de minerales como el calcio, el cual es utilizado por nuestro organismo el 99% del tiempo para formar y reparar huesos y dientes. Sin embargo, muchas de las dietas o métodos de adelgazamiento utilizados por los nutricionistas presentan grandes carencias nutricionales debido al carácter monótono de los menús que proponen dependiendo substancialmente de unos pocos productos básicos lo que provoca que el aporte sea en ocasiones excesivo, en ocasiones insuficiente. Cuanto más variada sea la dieta menos posibilidades se tendrán de desarrollar ciertas carencias, alergias e intolerancias a dichos productos básicos; algunos de los ejemplos más significativos son el alarmante aumento en el consumo de azúcar, que consumido en su forma refinada (sacarosa) provoca hipoglucemia reactiva, seguido de los productos lácteos y la cada vez más corriente intolerancia a la lactosa y los cereales refinados, en los cuales se ha separado el endorsperma (harina blanca) del germen y de la fibra.
¿Cómo saber entonces si nuestra dieta nos aporta todo aquello que necesitamos en su justa medida? El primer paso para valorar nuestra dieta es valorar nuestro estado de salud a corto y a largo plazo. Si usted sufre periódicamente de patologías leves como acidez, dolor de espalda, fatiga, estreñimiento, piel seca, catarro, alergias, pérdida del cabello, picores o escozores, depresión, fragilidad ósea, nerviosismo, y en general todas y cada una de las patologías con las cuales estamos acostumbrados a vivir y para las cuales tenemos siempre a mano un remedio farmacéutico, es muy posible que su dieta sea la causa de tal desajuste.
Comience entonces por eliminar todos los alimentos basura de su dieta especialmente los que contienen azúcar o cereales refinados, evite las grasas saturadas de origen animal, los excitantes, limite la ingesta de productos lácteos a como mucho uno al día y preferentemente en forma de yogurt durante al menos dos meses. En su lugar, consuma productos integrales en lugar de los refinados: el pan y los cereales « integrales » son ricos en fibras vegetales y en sustancias nutritivas, frutas y verduras frescas que son una fuente natural de vitaminas, minerales y anti-oxidantes que participan en la protección de su organismo, beba 1 litro de agua mineral o infusiones de té verde al día para favorecer la hidratación celular y la eliminación de los desechos y no olvide practicar alguna actividad física regular.
Después habrá que proceder a mejorar la dieta bajo la supervisión de un nutricionista especializado que añadirá los cambios y los complementos necesarios.
Conviértase finalmente en el dueño de su propia salud.





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Posted on Septiembre 1st, 2009 at 2:20 am