El atún, el bonito, el chicharro, la caballa, la melva, el boquerón y la sardina, la palometa, el pez espada, el salmón, etc., son algunos de los pescados grasos comúnmente conocidos como pescado azul. Nos aportan importantes ácidos grasos como el oleico, el linoleico y el omega-3. Este último tipo de ácido graso favorece unos niveles más bajos de colesterol en sangre, reduciendo el riesgo de que éste se acumule en las arterias y desemboque el proceso en una arteriosclerosis.
La temporada de pesca de la mayoría de estos pescados va de mayo a octubre por lo que no es extraño en estas fechas encontrar gran variedad en nuestros mercados y además ¡a muy buen precio!
Nuestro consejo es que los consuman crudos (en sushi) o marinados (en limón, en salsa de soja, en vinagre…) o poco cocinados a fin de conservar intactas todas sus características nutricionales. Sin embargo, el consumo de pescado crudo requiere de cierta precaución pues su carne puede contener parásitos que aunque pueden no ser patógenos para el propio pescado, si pueden serlo para el hombre. Para neutralizar posibles intoxicaciones por ingesta de pescado crudo puede congelarlo durante un mínimo de 48 horas, tiempo necesario para neutralizar la evolución de ciertas larvas o parásitos como el Anisakis marina. Si no quiere o no ha podido congelarlo, cómalo acompañado de ajo, jenjibre o wasabi.




