Los principios básicos sobre los que se asienta nuestro método de alimentación saludable son:
- Un plan de comidas individualizado. El plan de comidas varía con la edad, sexo, género de vida, estado de salud y preferencias gustativas. Varía incluso en cada fase de la vida de cualquiera. La estandarización, que en casi nada es buena, en el plan de comida menos. Los postulados básicos son generales, pero la aplicación debe ser personal.
- No comer menos, comer mejor. El acto de comer, cuyo resultado es nutritivo, debe ser al mismo tiempo un placer. La sobrealimentación, el comer entre horas, el exceso de azúcar o los alimentos industriales además de convertir el acto de comer en pura rutina, agotan todas las reservas necesarias para llevar a cabo las miles de reacciones catabólicas que ocurren a diario en nuestro cuerpo.
- Favorecer la ingesta de nutrientes de calidad. El descenso en la calidad de los alimentos con vistas a una producción a grandísima escala provoca la pérdida de buena parte de sus propiedades bionutricionales. La polución, los abonos químicos junto con el empobrecimiento de los suelos, y una la tendencia a una dieta homogénea en cuanto a la variedad de productos consumidos se refiere reduce significativamente la cantidad de nutrientes esenciales presentes en la dieta. Aproveche los productos de temporada.
- Reducción de la ingesta de grasas saturadas en beneficio de las grasas insaturadas y poliinsaturadas, pero bajo ningún concepto eliminar las grasas de la dieta. Para la mayoría de las personas la palabra “grasa” tiene una connotación negativa. Lo que estas personas desconocen es que ni todas las grasas son iguales, ni su presencia en nuestra dieta debe ser la misma. Además de su rol altamente energético, las grasas tienen también un papel estructural al formar parte de la membrana celular, transportan las vitaminas liposolubles del intestino a la sangre y sirven de precursores de importantes sustancias como los ácidos biliares, o las hormonas esteroideas (progesterona, estrógenos, testosterona, cortisol,…).
- Aumento de la cantidad de fibra alimentaria con la ingesta de frutas, legumbres y verduras. La casi desaparecida de nuestra dieta fibra alimentaria es un estímulo natural para la actividad muscular de la pared intestinal. A menor cantidad de fibra alimentaria menor velocidad del flujo intestinal, lo que conlleva un aumento en la producción de toxinas procedente de la descomposición las proteínas, así como un aumento de sustancias irritantes para la pared intestinal provenientes de la fermentación de los HC. La putrefacción y la fermentación son las causas principales de todo tipo de problemas digestivos como gases, ardor, hinchazón, estreñimiento, heces fétidas, hemorroides y colitis.
- Abstención total de todos los productos lácteos y derivados (en especial la leche y la mantequilla) con excepción del yogurt, siempre y cuando sea de origen biológico. Basta con observar la naturaleza para comprobar que ningún animal salvaje se alimenta de la leche de otro animal y que todos los mamíferos sin excepción eliminan la leche de su dieta tras el destete. La leche de vaca permite por su alto contenido en calcio un rápido crecimiento óseo del ternero, pero no ocurre igual con su cerebro. En el hombre muy al contrario, el crecimiento óseo es lento y en las fases tempranas del crecimiento se produce un rápido desarrollo del cerebro. Si lo que le preocupa es el aporte de calcio para sus dientes y huesos ha de saber que el calcio, mineral muy abundante en el suelo, está presente en cantidad suficiente en frutas, verduras, legumbres y hortalizas.
- Variedad. En la variedad está el gusto, dice el refrán popular. La variedad en la dieta es la mejor garantía de equilibrio nutricional. Hoy en día nuestros mercados disponen de una enorme cantidad de productos frescos como para comer siempre lo mismo.
- Mantener una correcta hidratación. El agua constituye el componente mayoritario del cuerpo con valores que oscilan entre el 60 y el 70% de la masa corporal total. Ahora bien, el agua no se localiza como tal sino que ella es la que constituye el solvente de unas soluciones complejas como la sangre, el líquido intersticial y el agua intracelular. Resulta pues absolutamente necesario un aporte diario de agua suficiente como para mantenerse en unos valores constantes y hacer posible las complejas y numerosas funciones del organismo. No olvidemos que el agua es el único componente de la dieta que en cuanto no se suministra, incluso en el curso de unas horas conduce a riesgos en ocasiones severos.
- Favorecer el consumo de alimentos crudos o poco cocinados. Cuanto más cerca esté un alimento de su estado crudo y natural más cerca se halla de la vida. La cocción influye categóricamente en que un alimento sea más o menos saludable y más o menos calórico.
- Reducción de alimentos altamente contaminantes que consumidos en exceso pueden resultar perjudiciales para el correcto funcionamiento de nuestro organismo como es el caso del azúcar y la sal refinadas, el alcohol, el café, los fritos, etc., así como sustancias contenidas en el humo del tabaco, pesticidas, conservantes, colorantes, metales pesados, etc.
Y recuerde: Una mala alimentación no es siempre la causa de todos los males; ahora bien: la alimentación es el único factor determinante de salud o enfermedad cuyo control depende de lo que cada cual decide llevarse a la boca.
Y dicho esto, sólo me queda desearle, bon apetit!



