Empezaré este artículo advirtiendo a aquéllas personas que se hayan dejado llevar por el entusiasmo al leer el título que no será aquí donde encuentren la tan esperada y deseada dieta definitiva ya que ésta, no existe. Pero si sigue Usted leyendo puede que encuentre pequeños trucos o astucias con las que confeccionar su alimentación definitiva, lo cual le puede resultar a largo plazo mucho más beneficioso e interesante.
La obesidad es el trastorno metabólico más frecuente de las sociedades desarrolladas, entre las que se incluye nuestra multicultural y polilingüística sociedad española. Diversos estudios han determinado que la obesidad alcanza al 15% de la población española, alcanzándose el 38% en el caso del sobrepeso. Para adelgazar no se necesita solamente fuerza de voluntad sino información. Existen muchas razones por las cuales una persona puede presentar problemas de exceso de peso: desde un desequilibrio de las glándulas tiroides y/o suprarrenales, hasta problemas emocionales, retención de líquidos, inactividad física, metabolismo lento, exceso de comida, exceso de acidez en la sangre, y otros.
El peso corporal se compone de muchos factores: contenido de agua, grasa, músculos, huesos, tendones, vísceras, etc. Resulta entonces fundamental entender que el objetivo no es perder peso, sin importar qué es lo que se pierde, sino perder grasa.
La mayoría de las dietas hipocalóricas consiguen que la persona pierda musculatura más que grasa. Como consecuencia aumenta la proporción de grasa en comparación con la musculatura y cuanto más grasa hay en el cuerpo más lento funciona el metabolismo ya que el tejido graso es muy “vago” en relación al metabolismo del tejido muscular que es muy activo. Así ante una dieta baja en calorías el cuerpo reacciona ralentizando el metabolismo para no gastar y sobrevivir. Este es uno de los motivos por el cual las dieta hipocalóricas no funcionan y cuanto más nos sometemos a ellas más agotaremos el metabolismo y más difícil será perder la grasa y/o mantener un peso estable. Y peor aún: la existencia de alteraciones metabólicas que presentan de manera conjunta dos o tres factores tales como obesidad abdominal, hipertensión arterial, hipertrigliceridemia, bajos niveles de HDL colesterol y niveles elevados de glucosa en ayunas, van a contribuir a que las consecuencias derivadas de una dieta hipocalórica sean aún más nefastas en lo que al desequilibrio funcional se refiere, razón por la cual no está de más repetir la necesidad de consultar un especialista en nutrición antes de seguir alguna de las numerosas “dietas milagro” que se pueden encontrar en diversas publicaciones o emisiones de televisión.
Plantéese mejor la posibilidad de cambiar una serie de hábitos adquiridos por otros en apariencia mucho menos apetecibles pero notablemente más saludables y déle un margen reacción a su metabolismo con el fin de que el mismo se autorregule.
Continuará.




