Si bien sabemos que la alimentación no es el único factor de salud, abundan los argumentos para afirmar que es uno de los más importantes. Como no podemos controlar el aire que respiramos, el ruido que soportamos, los impactos emocionales que nos estresan y un largo etc., debemos adoptar una nueva actitud en todo lo que a nuestra alimentación se refiere.
Para la correcta nutrición del hombre, no basta con saber la cantidad, calidad y variabilidad de los alimentos que se han de consumir, sino que es sumamente importante conocer también el grado de compatibilidad que existe entre ellos cuando los mezclamos en una misma comida. De eso trata la dietética, de buscar entre errores y aciertos lo que es definitivo para nuestra salud en base a nuestra alimentación.
A diario y erróneamente introducimos en nuestra dieta combinaciones de alimentos que en muchas ocasiones conlleva a una nutrición incorrecta, y por lo tanto, a que se produzcan condiciones químicas inadecuadas en el cuerpo. Esto hace que la fabricación y acumulación de productos que acaban en ácidos, por la digestión y el metabolismo, aparezcan en cantidades superiores a las que el cuerpo puede eliminar y se produce un estado de “acidez” o “autointoxicación” que conduce a una disminución de los niveles de la reserva alcalina vital del cuerpo.
Muchas personas, en especial los jóvenes, desarrollan cierta tolerancia a mezclas de alimentos incompatibles; de la misma forma, por ejemplo, que crean tolerancia a medicamentos cuando se consumen en forma gradual. Pero esta intolerancia no es eterna, y a la larga, puede provocar un desequilibrio metabólico que conlleve a la aparición de enfermedades.
Importancia del equilibrio químico
En muchos estudios se ha concluido que la dieta ideal diaria debe consistir en alimentos que provoquen reacción alcalina y alimentos que provoquen reacción ácida, en una proporción de 4 a 1, lo que después de metabolizados, producirían en el cuerpo un 80 % de reservas alcalinas y un 20 % de elementos ácidos, condición indispensable para la recuperación y el mantenimiento del estado de salud. Esto se basa en la comprobación de que las pérdidas de álcalis es de 4 veces mayor que la pérdida de ácidos, y para reponer estas pérdidas, necesitamos ingerir 4 veces más elementos alcalinos que ácidos.
Entre los alimentos que producen reacción alcalina tenemos todos los vegetales, todas las frutas (excepto las ciruelas), las almendras y la leche; y entre las que producen reacción ácida se encuentran la proteína animal (carnes, pescados, mariscos, huevos, quesos), las nueces, las avellanas y todos los alimentos que contienen almidón (cereales, pan, harina y sus derivados, azúcares).
Muchas personas tienden a confundir la clasificación de “frutas ácidas”, la cual no se refiere al gusto ácido de la fruta, sino al resultado final que produce en el organismo. En realidad, entre todos los alimentos son las “frutas ácidas” las que aportan mayores residuos de alcalinos. Estas frutas ácidas solo producen reacción ácida cuando se mezclan con almidones en la misma comida.
Para el equilibrio químico normal del cuerpo es necesario comprender que lo que cuenta no es la cantidad y la calidad de los alimentos ingeridos, sino la cantidad bien digerida, absorbida y metabolizada. Resultan más económicas y saludables las comidas pequeñas y combinadas de forma apropiada, que las comidas grandes y mal asociadas. En este equilibrio químico, precisamente, es donde se esconde el secreto de la salud y de la resistencia a las enfermedades.




