El agua constituye el componente mayoritario del cuerpo. Beber agua, de una forma adecuada, facilita todas las funciones orgánicas de asimilación y eliminación.
Se distribuye en tres grandes compartimentos, la sangre, el líquido intersticial y el agua intracelular. La cantidad de agua presente en el cuerpo depende de la edad, de la composición corporal (la mujer tiene menos que el hombre), y de la situación fisiológica.
Es importante asegurar un mínimo aporte diario de agua a ser posible en pequeños sorbos durante todo el día, ya que es el único componente de la dieta que en cuanto no se suministra, incluso en el curso de unas horas, conduce a riesgos en ocasiones severos.
Los valores obtenidos en cuanto a ingesta recomendada de agua presentan una gran variabilidad, por lo que cada persona en particular debe considerar las cantidades recomendadas como un valor de referencia, y aplicarse su ingestión en función de sus propias y particulares necesidades puesto que estas, van a depender sobre todo de su metabolismo, de las condiciones ambientales y del grado de actividad.
La ingesta de agua puede alternarse con zumos de frutas u hortalizas, no envasados. Bebida, aplicada sobre nuestra piel, incluso introducida rectalmente a modo de lavativa, el agua nos presta unos servicios incomparables.




